La caja llega cerrada y se abre delante de quien recibe. Dentro, la flor va sobre espuma húmeda, así que no hay nada que montar. Sale el mismo día en Villavicencio si el pedido entra antes de las 4 p. m..
Antes de elegir una caja conviene saber dos cosas: por qué dura más que un ramo y qué forma encaja con la ocasión. Las dos están abajo.
Está en el montaje: la flor va sujeta sobre espuma empapada, y esa espuma es su reserva de agua. El arreglo sale hidratado y se mantiene solo, sin que nadie haga nada — ni abrirlo, ni cortar, ni buscar recipiente. Ahí está la diferencia con un ramo, que necesita atención en las primeras horas o empieza a sufrir. Cuando el envío va a un sitio donde nadie va a poder ocuparse —una oficina, una recepción, una portería—, la caja es la opción sensata.
La redonda es la clásica y la que mejor sale en foto: al abrirla las rosas quedan a la misma altura, formando un ramillete compacto. La cuadrada resulta más sobria y se sostiene en cualquier mesa sin ayuda. La caja corazón se explica sola: aniversario, pedida, San Valentín. Y la caja larga, con las rosas tumbadas en fila, es la más elegante de las cuatro y la que más impresiona en el momento de abrirla.
Muy poco: humedecer la espuma cada dos o tres días con un poco de agua —sin pasarse, no debe quedar encharcada— y dejarla fuera del sol de frente y de cualquier fuente de calor. Ni tijeras, ni cambios de agua, ni jarrón. Esa es la ventaja del formato.
Es donde la caja saca más ventaja. La flor va clavada en espuma húmeda, o sea que viaja con su propia agua y no depende de que alguien la atienda al llegar. Con calor y humedad, un ramo envuelto tiene menos margen; la caja llega igual de bien a media tarde. Eso sí, apártala del chorro del aire acondicionado, que reseca el pétalo más rápido que el calor de la calle.
Antes de las 4:00 p. m. entre semana sale el mismo día; sábados, domingos y festivos el corte es a las 12 del mediodía. Puedes añadir una tarjeta con tu mensaje, escrita a mano.