El girasol no es una flor discreta. Cabeza grande, tallo grueso y mucho volumen: un arreglo de girasoles se ve desde el otro lado de la habitación. La contrapartida es el recipiente: pide base ancha, porque en un jarrón estrecho se inclina.
No todos los girasoles son iguales de grandes. El calibre cambia bastante, y un arreglo de flor grande impone mucho más que uno con el mismo número de tallos pequeños.
El ramo, que también se llama bouquet, viene atado y en papel: luce mucho al abrirlo, pero exige jarrón y agua enseguida; la caja lleva la flor clavada en espuma húmeda, se sostiene sola y no necesita recipiente: es la que mejor aguanta un traslado y la que conviene para una oficina; el florero viene con su vidrio y su agua, así que no pide nada a quien lo recibe.
Decide por el destino, no por la foto: donde no haya quien lo atienda, la caja o el florero; donde sí lo haya, el ramo da más volumen por el mismo presupuesto.
Es de lo que más se pregunta y casi nadie responde. Pesan cuatro cosas: el número de tallos, que es lo más evidente; el calibre de la flor, porque el girasol grande cuesta bastante más; si va solo o mezclado con rosas o follaje; y la presentación, ya que la caja y el vidrio son parte del producto, no envoltorio. Y hay un quinto factor estacional: alrededor del 21 de marzo y del 21 de septiembre la flor amarilla escasea en todo el mercado.
El girasol es agradecido pero exige una cosa concreta: agua, y bastante. Con ese tallo tan grueso consume mucha más que cualquier otra flor de la tienda, y hay que rellenar el jarrón todos los días al principio.
Es la flor de las ocasiones alegres y sin doble sentido: cumpleaños, felicitaciones, un ascenso, una recuperación. Y para animar a alguien no hay nada que se le parezca, porque llena la habitación de golpe.
Si lo que buscas es el detalle de una de las dos fechas del amarillo, lo tienes en flores amarillas.
Sale del taller hidratado y llega en Villavicencio listo. Para comparar presentaciones, ahí están los ramos, las cajas de flores y los floreros.